Leptospirosis Canina

Resumen:

La Leptospirosis afecta a diversas especies de mamíferos, incluido el perro. La misma puede tener un curso agudo, subagudo o crónico. En algunos casos evoluciona en forma subclínica. Es producida por diferentes serogrupos de Leptospira. Se caracteriza por la presencia de anemia, ictericia, trastornos digestivos, fiebre alta, insuficiencia renal crónica, miosis, iritis y otros, que pueden ocasionar hasta la muerte del animal. Se han referido además la deshidratación y los temblores musculares.
El diagnóstico está basado en la sintomatología y los cambios patomorfológicos, la demostración histológica de leptospiras en el riñón o el hígado, la serología; así como la evaluación de la situación epizoótica. El tratamiento sintomático rápido y adecuado con antibióticos puede reducir la mortalidad. La terapia de sostén comprende la corrección de la deshidratación y el desequilibrio electrolítico.
Existen vacunas contra los serogrupos de Leptospira de más alta incidencia, combinadas con vacunas virales tales como parvovirus, moquillo canino, hepatitis canina, y rabia. La leptospirosis ha sido señalada como un problema económico-social, haciéndose imprescindible extender la lucha sistemática contra ésta zoonosis. Las medidas de control deben dirigirse hacia las campañas de eliminación de los animales de vida libre que pueden ser posibles portadores y diseminadores de la enfermedad y la vacunación de los animales susceptibles. Existen firmas productoras de vacunas para el control de la enfermedad, estas muestran buena eficacia y efectividad. En Cuba se produce una bacterina que contiene 3 de los serogrupos de mayor incidencia en el país, y que tiene más de un 95 % de eficacia.
Abstract:

Leptospirosis affects several species of mammals, including dogs. It could have either an acute, sub acute or chronic time course. Sometimes, it evolves in a sub clinical fashion. Leptospirosis is produced by different serum groups of Leptospira. The disease is characterized by anemia, jaundice, digestive disturbances, high fever, chronic renal insufficiency, muscular inflammation, iris inflammation, and other symptoms, even inducing the animal death. Furthermore, dehydration and muscular tremor had been referred. Diagnosis is based in symptoms and pathological changes, the histological demonstration of Leptospira in kidney and liver, the serology and the evaluation the epizootic situation. The rapid and adequate treatment with antibiotics can reduce the mortality. Sustained therapy comprises the compensation of the dehydration and the electrolytic imbalance. There are vaccines against the higher incidence-serum groups, combined with viral vaccines such as parvovirus, canine distemper, canine hepatitis and rabies. Leptospirosis has been characterized as an economic-social problem, becoming essential to spread the systematic fight against this zoonotic disease. Control means most be directed towards the campaigns to exterminate of free living animals, could be possible carriers and spreaders of the disease and also, the vaccination of susceptible animals. There are enterprice producing bacines against the diseases, showing goog efficacy and efectiveness. In Cuba, a bacterin containing three of the major serum groups in the country, having more than a 95% of efficacy, is produced.
Palabras claves: Leptospirosis canina, Leptopiras, Diagnóstico, Tratamiento y Control.

Introducción

La Leptospirosis es una enfermedad que afecta a diversas especies de mamíferos incluido el perro. En 1931 Klarenbeek admitió que un considerable porcentaje de leptospirosis canina era producida por una especie llamada actualmente Leptospira canicola.
Etimológicamente la palabra leptospira procede de dos voces griegas: lepto-estrecho o delgado y spira-espiral. Son microorganismos filiformes de aproximadamente 0.1 micras de diámetro y de 6-15 micras de longitud, aunque pueden llegar hasta 30 ó 40 micras (24, 42, 48). Están enrollados en forma de espirales apretados que por lo general presentan uno o ambos extremos doblados en forma de gancho. Poseen una extraordinaria movilidad, que les asegura un alto poder invasivo. Son bacterias que dan lugar a la formación de aglutinas y anticuerpos protectores.

Supervivencia

Para sobrevivir requieren de un alto grado de humedad ambiental, así como un pH entre 6 y 8 y una temperatura de 300C. Sin humedad no sobreviven mucho tiempo, se desactivan con solución caliente de sosa cáustica al 2%, solución de formaldehído al 2%, solución de cal clorada al 3% de cloro activo y la emulsión caliente de Creolina al 5%. También el uso de desinfectantes de Yodo como Betadine (4).
Pueden vivir fuera del huésped en el agua, el fango, los terrenos húmedos y bajos, con ciertos requisitos de temperatura, pH, sales minerales y aún reproducirse por días bajo éstas condiciones. El agua es absolutamente esencial para la sobrevivencia de estos microorganismos (5, 33, 49, 52, 64, 66, 69, 71, 72). Debido a esto los brotes ocurren según el grado de humedad del medio. Puede observarse así un incremento de los brotes en las estaciones de mayor precipitación pluvial.

Posición taxonómica (3):

- Dominio: Bacteria
- Phylum: Spirochaetes
- Clase: Spirochaetes
- Orden: Spirochaetales
- Familia: Leptospiraceae
- Género: Leptospira
- Especie: Leptospira interrogans
1. Serovares
Se conocen 23 serogrupos con más de 220 serotipos. Varios son los serogrupos de la especie Leptospira interrogans que causan esta entidad, a estos pertenecen un gran número de tipos serológicos denominados serovares que no son más que las unidades taxonómicas principales sobre la base de las propiedades aglutinógenas de la leptospira (35). Existen más de 175 serovares patógenos, 7 de los cuales han sido aislados en animales domésticos en los EEUU. Los serogrupos muestran una intima relación antigénica.
La infección se debe usualmente a los serovares canicola o copenhageni, un miembro del serogrupo L. icterohaemorrhagiae, (27, 41, 50, 59, 62, 68), aunque la L. pomona, L. grippotyphosa y L. ballum han sido aislados en perros en los EEUU (19). Las infecciones con L. canicola o L. copenhageni son prevalentes en algunas poblaciones de perros. Este último ha sido frecuentemente la causa de las leptospirosis de tipo ictérico y hemorrágica.
Poder patógeno de los serogrupos de Leptospiras de mayor importancia
Leptospiras icterohemorrhagiae y L. canícola:
El perro es susceptible a L. icterohemorrhagiae y L. canícola, las que producen la enfermedad natural (6, 9, 14, 17, 22, 25, 27, 34). L canicola es el serogrupo más reportado. Produce uremia pero poca o ninguna ictericia. Se han descrito infecciones crónicas de leptospirosis canina con abundante eliminación de microorganismos en la orina. Estos dos serogrupos se han reportado en infecciones graves de gatos y zorras plateadas. Es de señalar que ninguna de estos dos serogrupos produce infecciones graves en cerdos, bovinos y caballos.
Leptospira pomona:
Se han observado infecciones naturales en el hombre, el ganado vacuno, el cerdo, la oveja y el perro, y se ha reproducido experimentalmente en los animales de laboratorio. Se observan signos clínicos bastantes evidentes pero son más frecuentes las infecciones inaparentes o subclínicas.
La Leptospirosis canina ha sido señalada en muchos países europeos, particularmente en Holanda, España y Alemania además en Indonesia, Malasia, Norteamérica y Gran Bretaña. Es una enfermedad extendida en los Estados Unidos. La incidencia varía con el ambiente y es menos común en grandes crianzas de esta especie. L. canicola es el serotipo más común; L. icterohaemorragiae, L. pomona, y L. grippotyphosas también son responsables de algunas infecciones extendidas.
La enfermedad se asocia principalmente con degeneración crónica del riñón. Hay derramamiento de leptospiras en la orina que puede continuar hasta después de un año. La enfermedad aguda en el perro es más frecuente en edades de 1 a 3 años. Los perros portadores de infecciones residuales de L. canicola, en los riñones pueden continuar eliminando los microorganismos en la orina durante 3 años (42). La localización en los riñones puede ser una secuela de un curso subclínico benigno, así como el de uno agudo.
En un estudio de 150 caninos en Argentina por el método de Aglutinación Microscópica (MAT), el 62 % presentó infección por Leptospiras: 57 % fue positivo a L. castellosis, 51 % a L. canicola, 14 % a L. icterohemorragiae y un 9 % a L. pyogenes, de los cuales hay un 32 % de leptospirosis recientes: 17 % de coaglutinaciones y 15 % de altos títulos en por lo menos 2 serovares, predominado la L. canicola (27). Esta alta prevalencia de infección al serovar canicola proporciona una importante fuente de éstas bacterias patógenas en los humanos expuestos, principalmente por motivos ocupacionales: los veterinarios, productores y en los propios animales convivientes.
En los Estados Unidos, sobre los años 1980 se planteó el predominio de L. icterohemorragiae y L. canícola como serovares predominantes en la Leptospirosis canina, sin embargo sobre los años 1990 aumentó la incidencia de L. grippotyphosa y L. pomona lo que nos da la idea de un resurgimiento de la enfermedad en algunas poblaciones de perros. Existe la explicación de que al vacunar preventivamente con los serovares predominantes en los años 80 la enfermedad queda controlada, sin embargo comienzan a aparecer los otros 2 serovares por la migración de la fauna desde de las zonas suburbanas donde son éstos los predominantes (19).
En estudios realizados por especialistas clínicos y patólogos han determinado que es muy difícil separar sobre las bases de pruebas clínicas las infecciones causadas por los serogrupos L. icterohaemorragiae, y L. canicola (5, 24, 42, 45). Ambos microorganismos son responsables de graves efectos sobre el hígado y los riñones, pero por regla general la primera ejerce sus efectos más específicamente en el hígado y la otra en los riñones. Por medio de esta regla, cuando la ictericia es marcada el microorganismo probablemente es L. icterohaemorrhagiae y cuando predominan los daños renales la que predomina es L. canicola. Sin embargo los cachorros infectados por esta pueden manifestar ictericia y morir de forma aguda y, en perros con infecciones subagudas causadas por L. icterohaemorrhagiae, pueden producirse significativas nefritis.
La infección de tipo sobreagudo, que se ha dado en cachorros causada por L. icterohaemorrhagiae, es aguda al comienzo con el curso de una septicemia fulminante. Las muertes pueden ocurrir en unas pocas horas o hasta 2 ó 3 días. Hay fiebre, hipersensibilidad y notable tendencia a las hemorragias, traducida en hematemesis, epistaxis y petequias en las mucosas.
En la enfermedad de tipo agudo, en la que la ictericia constituye una característica destacada, el comienzo puede ser súbito con un desarrollo diferido de la ictericia o bien insidioso, con ictericia como primera anormalidad observada. También caracterizan este síndrome tendencias hemorrágicas, particularmente destacadas en los pulmones y el tracto gastrointestinal. La anemia es moderada, existe leucocitosis, la tasa de sedimentación está muy aumentada, y la orina contiene albúmina, cilindros, hematíes, y leucocitos. Es frecuente la necrosis focal en el hígado, pero puede estar ausente.
Las lesiones microscópicas hepáticas más importantes son la disociación de las células de las trabéculas parenquimatosas, las células disociadas se hacen independientes y redondeadas, el citoplasma se vuelve eosinófilo y groseramente granuloso y los núcleos se encogen y oscurecen. La regeneración es a veces destacada y puesta de manifiesto por citomegalia, binucleación y mitosis. Las células de Kupffer contienen hemosiderina en exceso y muchos canalículos biliares están obstruidos. Los microorganismos pueden evidenciarse por medio de técnicas especiales en los sinusoides y las células epiteliales hepáticas. El comienzo de la alteración renal se inicia por los túbulos contorneados, cuyo epitelio manifiesta cambios que van desde una degeneración hidrópica hasta una necrosis. Esta va acompañada de un edema intersticial y una difusa pero escasa infiltración de leucocitos, principalmente linfocitos y células plasmáticas (42).
En los perros que sobreviven a la septicemia aguda, tipo ictérico de la enfermedad, o que dejan de manifestar de cualquier manera una fase septicémica, el énfasis clínico y patológico pasa del hígado a los riñones. El síndrome resultante es la forma común en la que se manifiestan las infecciones de L. canicola. Los signos son los de insuficiencia renal, variando en su gravedad y rapidez de progresión. La muerte puede sobrevenir rápidamente por fallo renal debido a una nefritis difusa aguda, pero parece también que las infecciones inicialmente inaparentes pueden ponerse en marcha en los riñones, después de largo tiempo, posiblemente varios años, desembocando en el fallo renal por nefritis intersticial crónica. Las otras alteraciones encontradas en el cadáver son las del síndrome urémico (24, 42).
Trasmisión

La transmisión puede ser:
• Indirecta: a través de aguas de los suelos contaminados por la orina de los huéspedes convalecientes o crónicos y reservorios.
• Directa: por manipulación de animales o fetos contaminados, por vía venérea cuando los genitales están contaminados, con restos de orina infectados, contacto hocico-rabo.
• Transplacentaria: el pase de las leptospiras está condicionado por los cambios degenerativos que ocurren en la placenta al final de la gestación.
• Otros: Se ha descrito también la infección por medio de vectores: garrapatas, mosquitos chupadores de sangre.
Los roedores constituyen el reservorio más importante, y muchos científicos consideran que sirve universalmente de fuente originaria de la infección. La infección con Leptospiras se produce generalmente por contacto indirecto con el agua, el suelo o alimentos contaminados con la orina infectada de los animales portadores silvestres y domésticos. Estos excretan en sus orinas hasta 100 millones de leptospiras por mililitro (17).
La enfermedad también se transmite en forma directa por contacto con la orina o tejidos de animales infectados. La enfermedad es una antropozoonosis en la que el microorganismo se mantiene en la naturaleza, (20, 29, 33), transmitiéndose de un animal a otro, constituyendo el hombre, salvo raras excepciones, un extremo muerto de la cadena de transmisión (24). El contagio interhumano prácticamente no existe.
Patogenia
Las leptospiras patógenas penetran en el organismo por heridas o abrasiones en la piel, a través de las membranas mucosas y de la conjuntiva, o por inhalación de gotas o aerosoles que las contengan (52). Adicionalmente puede ocurrir la transmisión transplacentaria, venérea, y por las lesiones causadas por mordeduras (5, 36, 71). Se difunden a partir del punto de penetración sin producir lesiones, invadiendo inmediatamente la corriente sanguínea en la que se multiplican, dando origen a la fase de leptospiremia que ocurre entre los 4 y los 12 días post-infección. En esta primera fase clínica hay presencia de leptospiras en sangre y líquido cefalorraquídeo. A continuación se presenta lo que se ha denominado fase de formación de anticuerpos (Ig M) que se inicia aproximadamente al final de la primera semana y se extiende hasta el final de la segunda semana cuando la fase septicémica remite. Los microorganismos desaparecen de la sangre y del líquido cefalorraquídeo; se localizan muy particularmente en los riñones, lo que da lugar a la tercera fase o de eliminación, (fase de leptospiruria ), que puede tener carácter continuo o intermitente (5). Su eliminación es prolongada; dura hasta meses después de la recuperación del perro.
Las leptospiras se multiplican en el epitelio de los tubos renales causando daño e insuficiencia renal, especialmente L. canicola. Por otra parte su localización se produce en el hígado lo que sin dudas complica el cuadro y el desenvolvimiento clínico. Resulta en una necrosis hepática aguda (especialmente L. icterohaemorragiae), fibrosis hepática y ocasionalmente hepatitis crónica activa (reportado con L. grippotyphosa). Típicamente la infección es subclínica en perros vacunados (inmunes) y perros adultos (4).

Síntomas:

La enfermedad puede ser latente o aguda, los signos clínicos están relacionados con desordenes del hígado, riñón y vasculares (22, 24, 25, 36). A menudo las primeras manifestaciones observadas son: anorexia, vómito, fiebre, hiperemia de las mucosas, debilidad, depresión, adinamia, anuria, oliguria, ictericia, diarreas, convulsiones, glositis, estomatitis, dolor a la palpación renal y apatía. Posteriormente el proceso promueve una gastroenteritis hemorrágica, mialgia, poliuria, polidipsia, hipotermia, estomatitis necrótica e ictericia marcada.
Las infecciones por L. icterohaemorragiae cursan con una ictericia marcada, mientras en las que son provocadas por L. canicola no se presenta ictericia. La enfermedad puede desarrollar el síndrome de coagulación intravascular diseminada (CID) causada por el síndrome urémico-hemolítico. Los signos de CID incluyen hemorragias petequiales o equimóticas, hematemesis y epístasis.
Existen las manifestaciones ocasionadas como el aborto, crías muertas y meningitis. La enfermedad latente afecta mucho el riñón. La infección no es evidente. La nefritis crónica puede cursar durante años en determinadas circunstancias (22). Se han referido además la deshidratación y los temblores musculares (43).
1. Diagnóstico de la enfermedad.
El diagnóstico comúnmente está basado en la sintomatología y los cambios pato morfológicos, la demostración histológica de leptospiras en el riñón o hígado, y la serología; así como una consideración de la situación epizoótica.
1- ) Diagnóstico epidemiológico: Son de ayuda los datos referentes a la vacunación contra esta zoonosis, la presencia de aguas estancadas, los contactos con animales enfermos o vagabundos, etc.
Existen diferencias entre los serogrupos encontrados en los diferentes países en un estudio epizootiológico de la enfermedad realizado en 3 países que demostró que no hay aislamiento de los mismos serogrupos aunque persisten los de L. canicola e icterohaemorragiae y esto es debido a varias causas entre las que se destacan la diversidad de reservorios y condiciones climáticas teniendo en cuenta los ecosistemas, la importación de animales entre países o regiones, los calendarios de vacunación, la formulación de las bacterinas empleadas y además es necesario mencionar la posible variación de la serovariedades utilizadas como antígenos en las pruebas para el diagnóstico serológico de la leptospirosis (50).
2-) Diagnóstico clínico-sintomatológico: Las manifestaciones clínicas de la Leptospirosis son tan variadas que la presencia de la infección no puede ser determinada ni demostrada con seguridad exclusivamente sobre la base de los síntomas y signos. Por ésta razón, es una de las pocas enfermedades cuyo diagnóstico solo se puede establecer con certeza en el laboratorio mediante la comprobación de la presencia del agente causal o por procedimientos serológicos (52).
3-) Diagnóstico Bacteriológico: Comprende la microscopía en campo oscuro, el aislamiento de cultivos de leptospiras con la siembra en medios especiales y la prueba biológica en animales de laboratorios (23, 24, 27, 36, 50).
a) Se puede hacer la microscopía a una suspensión de tejido de órganos.
b) Después de la primera semana de la enfermedad es necesario examinar 2 ó 3 muestras de orina emitida u obtenida por cateterismo, ya que las leptospiras son excretadas de forma intermitente.
c) Cultivar la sangre durante la primera semana de la enfermedad antes de la administración de antibióticos. Transcurrido ese tiempo las posibilidades de aislar leptospiras son cada vez menores a causa de la formación de anticuerpos protectores.
d) El líquido cefalorraquídeo puede ser recogido durante la primera semana de la enfermedad.
Las leptospiras se pueden aislar en medios específicos y necesita requerimientos de suero de conejo, se mantienen de 25 a 30oC durante un plazo de unos 14 días. Las espiroquetas se pueden ver en el microscopio de campo oscuro teñidas con Giemsa (22).
Para la prueba biológica se infectan hámsteres dorados de 20-30 días o conejillos de 10-20 días con el material a investigar, para aislar cultivos de leptospiras. También histológicamente se puede ver en cortes de riñón e hígado. Es una prueba internacionalmente aprobada para el diagnóstico de la Leptospirosis ya que el Hámster es la especie más susceptible a esta enfermedad. Los animales son inoculados por vía intraperitoneal con suero de animales infectados y se evalúa el comportamiento, después se titulan serológicamente por MAT y se evidencian los niveles de anticuerpos. Esta prueba es usada como control de calidad de los lotes de vacunas contra la Leptospirosis humana y animal (26, 28, 45, 46, 48).
4-) Diagnóstico serológico: Numerosas pruebas han sido propuestas por diversos investigadores para el diagnóstico de Leptospirosis en los animales y el hombre (22).
La prueba de Aglutinación Microscópica (MAT) se emplea para detectar anticuerpos leptospirales en el suero, identificar los aislamientos de leptospiras y clasificar cepas, además de servir de base para evaluar cualquier otro método serológico nuevo para el diagnóstico de la enfermedad (52). Generalmente se detectan anticuerpos por ésta prueba después de la primera semana de la enfermedad, los que alcanzan los títulos máximos alrededor de la tercera o cuarta semana. Con posterioridad a la infección, pueden persistir títulos bajos de aglutininas durante meses o años. El mayor problema en el uso de esta prueba radica en la ocurrencia frecuente de títulos bajos inconclusivos que pueden ser encontrados en la fase aguda de la leptospirosis, después de una experiencia anterior de la enfermedad, después de la vacunación reciente y en una etapa tardía de la enfermedad debido a la terapia antibacterial (36). Como consecuencia no se puede llegar a conclusiones directas basándose en un solo título. Por ésta razón es necesario examinar por lo menos 2 muestras de sangre cada vez que sea posible. Para los carnívoros domésticos la técnica aceptada internacionalmente para el diagnóstico serológico es la Microaglutinación (MAT) con antígeno vivo. Esta se realiza en suero sanguíneo límpido, no hemolizado. Esta prueba descrita por la OPS sigue siendo la prueba diagnóstica de uso y reconocimiento oficial, esta técnica tiene la ventaja de ser serovariedad específica, es muy laboriosa y el número de sueros que una persona puede analizar en el día es limitado (22, 27, 36, 38, 39, 50, 54, 65, 71).
Dentro de las otras pruebas que se han empleado se incluyen la prueba de aglutinación macroscópica en placa, de fijación de complemento con antígenos desintegrados por vibraciones ultrasónica, y de hemoaglutinación; y más recientemente se ha descrito la contrainmunoelectroforesis y la técnica de anticuerpos fluorescentes en suero y tejidos (52).
5-) Otros diagnósticos:
En 1984 se describió un método de ELISA (Enzimed-Linked Immunosorbent Assay) para la detección de inmunoglobulinas M y G anti-leptospiral específico en el suero de perros durante la infección y la vacunación (23, 37, 32, 36, 46, 70). Esta prueba, aunque no es disponible como el MAT, ayuda en la diferenciación.
También son utilizadas las Inmunofluorescencias, aunque no son muy prácticas ya que se han desarrollado para una serovariedad, por lo que se ve limitado el diagnóstico.
También se ha empleado la técnica de inmunoblot como ensayo serológico para el diagnóstico de la Leptospirosis (54).
Existen técnicas como la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) que también se ha aplicado al estudio de la Leptospira (50). Existen estudios recientes en que se utiliza la PCR para identificar la presencia del microorganismo en tejidos y orina de animales vacunados con el propósito de saber si la bacterina fue capaz de evitar la infección o solamente la enfermedad.
Con la aparición de la prueba de PCR, la detección rápida de género y serovar específico de leptospiras a partir de especímenes clínicos debería ser posible. Este método está siendo más utilizado en laboratorios de diagnóstico y permite una identificación precisa y rápida, no obstante el método de referencia es aún la MAT.
6-) Diagnóstico mediante otras pruebas complementarias: (35, 43, 44, 46)
a) Hematológicas:
- Leucocitosis (15,7-25,4 x 10 9/l): se considera que es debido a las manifestaciones polisistémicas de la insuficiencia renal y uremia causado por la localización de las leptospiras en los riñones.
- Neutrofilia: con desviación a la izquierda (en tiempo de presentación)
- Eritrosedimentación acelerada.
- Trombocitopenia y hematosis anormal refleja coagulación intravascular diseminada.
b) Químicas:
- Azotemia
- Aumento de las enzimas hepática y bilirrubina (para L. icterohemorragiae).
- Desbalances electrolíticos, que reflejan efectos renales y gastrointestinales.
Se ha encontrado un aumento en el suero de los productos de degradación de fibrinógeno, una de las causas de los trastornos en la coagulación.
c) Urianalisis:
• Proteinuria, piuria, cilinduria, bilirrubinuria, isostenuria.
7-) Diagnóstico Anatomopatológico: Los ganglios linfáticos pueden estar hemorrágicos. Otros cambios incluyen petequias y equimosis sobre muchas serosas, los pulmones pueden estar edematosos. Se pueden ver ulceraciones focales de la cavidad bucal o la lengua en el animal urémico. La hepatomegalia y la ictericia son observaciones ordinarias en las infecciones con L. icterohaemorragiae , en tanto que unos riñones agrandados y pálidos son típicos de los cuadros inducidos por la L. canicola. Los casos crónicos tienen diferentes grados de nefritis intersticial (42).
Histopatología: Se emplean tinciones especiales, por ejemplo, tinción de plata de Warthin-Starry ó por inmunohistoquímica, utilizando anticuerpos monoclonales, deben ser realizados en secciones fijadas en formalina de tejido renal, hepático, y feto/placentario.
Diagnóstico Diferencial: Al ser ésta una entidad que afecta varios órganos y sistemas con variadas formas clínicas, debe ser distinguida de numerosas otras entidades. Se debe diferenciar de aquellos procesos febriles, ictéricos, hemorrágicos, de procesos con alteraciones renales o meníngeas o una combinación de varias de estas manifestaciones.
Estas incluyen:
• Moquillo canino: leucopenia, curva bifásica de temperatura, conjuntivitis purulenta.
• Hepatitis contagiosa canis: al comienzo leucopenia, laringo-faringitis y amigdalitis como enfermedad secundaria, enturbamientos corneales, proteinuria. Además en esta hay falta de coagulación en la sangre, que en la Leptospirosis no se encuentra
• Gastroenteritis: generalmente sin o solo con escasa nefritis.
• Toxoplasmosis: examen serológico, raras veces proteinuria y nefritis. La forma gástrica es difícil de diferenciar clínicamente. En la leptospirosis la respuesta a los antibióticos generalmente es rápida. Pueden ocurrir a la vez.
• Listeriosis: examen serológico.
• Ictericia: frecuentemente muy difícil de distinguir.
• Nefritis
• Intoxicaciones
• Babesiosis
• Ehrlichiosis

Tratamiento y Control.

El tratamiento rápido y adecuado con antibiótico puede reducir la mortalidad. Las leptospiras reaccionan in vitro mejor que otros microorganismos a la penicilina. El régimen terapéutico recomendado, según Ettinger (1992), comprende la combinación de dosis masivas de penicilina (50 000 UI/Kg) y la dihidroestreptomicina (25 mg/Kg), ambas por vía intramuscular por 7-10 días. Esto último es necesario para erradicar la colonización renal y la aparición de un estado portador. Cuando se aplican antes de que se presenten las lesiones irreversibles renales generalmente controlan la enfermedad y previene la localización de las leptospiras en los riñones (61, 67). Otros autores han recomendado el uso de la penicilina y la estreptomicina como preparado mixto y las tetraciclinas. Cuando se presente nefritis aguda se utiliza la doxycyclina en vez de la tetraciclina (40, 52, 57, 60, 61, 64).
Es importante el tratamiento sintomático. Esta terapia de sostén comprende la corrección de la deshidratación y desequilibrio electrolítico. En algunos casos se recomienda el uso de solución lactada sola o con dextrosa-salina, según el grado de afectación. En casos graves, muy ictéricos, se administra preparados de glucocorticoides. La transfusión de sangre puede ser necesaria cuando el hematocrito del paciente es muy bajo, y el uso de la vitamina B.
Otros tratamientos sintomáticos incluyen: el empleo de analgésicos antitérmicos y antieméticos como gravinol y metaclorpromacina. No es recomendable el uso de la aspirina como analgésico o antitérmico por su efecto antiagregante plaquetario, en pacientes con manifestaciones hemorrágicas o trombocitopenia (37).

Pronóstico

El pronóstico del padecimiento suele ser desfavorable. La mortalidad puede considerarse que alcanza del 30 al 50% de los enfermos de forma aguda y que son mantenidos de forma individual, (44), otros autores, (71), refieren que la mortalidad rara vez excede el 10 % de la masa si se toman todas las medidas de control contra la enfermedad en poblaciones grandes de animales, y es más frecuente las muertes en animales jóvenes. De forma general la tasa de letalidad es baja y que aumenta con la edad de los animales. El curso y severidad de la infección es a menudo dependiente del serovar responsable de la infección.

Profilaxis

En el momento de su vacunación profiláctica, el animal ha de estar sano y libre de ecto- y endo- parásitos y la presencia de otras patologías ya que esto tiene al animal inmunodeprimido y la respuesta esperada a la vacunación no es la adecuada (64). Eventualmente, habrá de realizarse con anterioridad la terapéutica apropiada. En caso de peligro agudo, se podrá recurrir a la protección inmediata por inmunización pasiva. Con las premisas susodichas, el éxito de la vacunación puede darse por seguro, normalmente. Sin embargo, en la vacunación de los cachorros, la inmunización activa puede verse perturbada por los factores siguientes (1, 6, 24):
1. Subsistencia de anticuerpos maternos.
2. Infección de animales, al parecer sanos, y que por tanto se hallan ya en la fase de incubación.
3. Trastornos del sistema inmunológico.
En el primer caso, los anticuerpos transmitidos por la madre confieren, ciertamente, una protección limitada al cachorro, neutralizando al agente patógeno penetrado e impidiendo la enfermedad. No obstante, por otra parte, neutralizan también el virus vacunal, es decir que lo desvirtúan. En el segundo caso, la vacunación llega tarde, por haberse difundido ya los agentes patógenos durante la incubación, por lo que se produce la infección manifiesta.
Finalmente, la formación de sustancias protectoras depende del buen funcionamiento del sistema inmunológico del animal vacunado. Los trastornos de dicha función pueden surgir por debilitamiento, enfermedades, falta de maduración del sistema inmunológico, agammaglobulinemia e inmunotolerancia. De todos modos, los últimos dos factores de perturbación son raros en perros, por lo que las causas principales de una protección defectuosa después de la vacunación residen en los anticuerpos maternos e infecciones prevacunales.
Existen otros factores que pueden influir sobre la respuesta inmunitaria a la vacunación, entre ellos se debe considerar: el efecto inmuno-supresor específico o bloqueador de los anticuerpos del calostro, edad del animal, condición general y nutricional (salud), factores genéticos, influencia del sexo, tratamientos medicamentosos y vías de vacunación.
1. Existen ciertas combinaciones genéticas que pueden conferir al individuo una particular incapacidad para responder a un determinado agente infeccioso, dejando una falla en el repertorio que contiene y/o que pueda elaborar. Así, la existencia de genes altamente nocivos o la ausencia de otros puede llevar a drásticas disfunciones inmunitarias que se manifiestan como inmunodeficiencia primaria (57).
La velocidad de disminución de anticuerpos pasivos es inversamente proporcional al crecimiento canino, en las razas de rápido crecimiento se eliminan mas rápidamente los anticuerpos de la madre, lo que trae consigo una susceptibilidad más rápida a la enfermedad y receptividad a la inmunización (57).
2. Factores Genéticos
En general se sabe que las hembras de todas las especies mamíferas son más reactivas inmunológicamente que los machos. Esta diferencia se debe a la influencia de las hormonas sexuales, que han demostrado claramente afectar al sistema inmunitario a distintos niveles aunque el mecanismo o los mecanismos, a nivel celular no se conocen. Las hormonas sexuales esteroides sabemos que afectan a las células epiteliales del timo y la bursa de las aves, a macrófagos y linfocitos. La principal célula afectada parece ser el linfocito T, y hay evidencias que sugieren que las hormonas sexuales pueden alterar el balance entre las poblaciones T-helper y T-supresor. El hecho de que las hembras “respondan mejor” se debe a la producción diferencial de hormonas esteroides en los respectivos sexos y su influencia sobre los tejidos linfoides. Las hembras son más resistentes a los agentes infecciosos, pero, por otro lado, son mas propensas al desarrollo de enfermedades de tipo inmune (57).
3. Influencia del sexo
Las vacunas no deberán suministrarse concurrentemente con drogas inmunosupresoras tales como ciclosfosfamidas, azatiopeine, metrusato y corticoesteroides (15).
Hay varios fármacos que estimulan el sistema inmunitario. El primero que se utilizó fue el levamisol. Es un antihelmíntico de amplio espectro que funciona de manera similar a la hormona tímica timopoyética, es decir estimula la diferenciación de los linfocitos T y la respuesta a los antígenos. Además estimula la actividad fagocitaria de los macrófagos y neutrófilos. Sus efectos son mayores en animales con disminución de la función de los linfocitos T, y tiene poco o ningún efecto sobre el sistema inmunitario de los animales normales.
Otros inmunoestimulantes sintéticos son isopriversina que aumentan las funciones de los linfocitos T y la actividad de los macrófagos, y las avridina que es una amina lipoidea que refuerza la función de los neutrófilos cuando está deprimida (8).
4. Tratamientos medicamentosos
Hay diferencias significativas en la respuesta del huésped a ciertas vacunas y dependen de la vía de administración. Se ha reportado que para la vacuna contra la rabia, la vía intramuscular es mucho mas efectiva que la subcutánea (13).
A partir de la vacunación vía subcutánea y la intravenosa en grupos de perros vacunados inoculados con cepas virulentas, se obtiene protección total después de la vacunación intravenosa en unas 48 horas y en 5 días por vía subcutánea. Como regla no se recomienda la vía intravenosa, solo en caso de urgencia. Se recomienda la vía intramuscular, la cual goza de preferencia. Además se pueden emplear las vías oral y oculonasal (11).
La inmunización oral no solo es menos eficaz que la parenteral, sino que se ha encontrado que la administración carece de efecto a menos que haya una inmunización intranasal simultánea. Se debe intentar proteger el sitio de infección, por tanto, la inmunización local puede ser más eficaz cuando el sitio primario de replicación es en el tracto respiratorio o gastrointestinal.
1. Prevención
5. Vías de vacunación
La prevención se ha hecho posible y técnicamente factible al desarrollar vacunas seguras y eficaces que son fáciles de administrar y ofrecen protección a largo plazo. El propósito de un programa de vacunación es prevenir el desarrollo de la enfermedad clínica manifiesta, ya sea mediante prevención o limitación de la infección. Si se planean en forma adecuada, los programas de vacunación pueden mejorar el cuidado de los animales. Este aspecto del programa de vacunación lo han abandonado muchos clínicos, pero debería considerarse como una fracción importante de un programa sólido de salud animal. Sin embargo es un tema muy polémico en la actualidad en muchas partes del mundo ya sea por veterinarios o por criadores.
Debido a las características de la enfermedad se hace necesario tener una buena profilaxis para su prevención en la especie canina. Se dispone de bacterinas inactivadas bivalentes que contienen dos serovariantes (L. canicola y L. icterohaemorragiae). Existen numerosas firmas comerciales que se dedican a la producción de vacunas contra los serogrupos de Leptospira de más alta incidencia, combinadas con vacunas virales tales como parvovirus, moquillo canino, hepatitis canina, y rabia (6, 59). Estas vacunas han mostrado de forma general una alta eficacia y efectividad contra los diferentes serovares de Leptospiras, las principales firmas son: Vanguard 7; Pfizer Sante Animale, Dohyvac 7L; Fort Dodge, Nobivac DHPPi + Lepto; Intervet International, entre otras (2).
Los perros deben ser vacunados a los 9, 12 y 15 semanas de edad. Por lo menos se requiere 3 dosis para la inmunización primaria. La revacunación anual se recomienda cada 6-8 meses. Otros productores recomiendan las bacterinas de Leptospiras muertas aunque la inmunidad es de corta duración y se deben repetir las vacunaciones con intervalos de 6 meses para la protección adecuada (7, 16, 26, 34, 58).
La inmunización ha sido eficaz para reducir la prevalencia e intensidad de la Leptospirosis. No obstante, no impide el estado de portador ni protege contra la infección de otras serovariantes. Se ha descrito la vacunación de los cachorros entre 8 y 12 semanas de vida con vacunas mono y polivalentes, donde se ha obtenido que ambas combinaciones son eficaces (7, 16, 26, 34, 58). Actualmente se plantea que se debe considerar la aplicación de algunas vacunas comerciales que protegen contra los serogrupos L. canicola y L. icterohaemorrhagiae ya que protege contra las infecciones clínicas pero convierte al animal en portador subclínico para perros que no se han vacunado o que han descontinuado el ciclo anual de vacunación.
Algunos autores recomiendan la vacunación cuando el cachorro tiene 9 semanas o más de vida, con una segunda dosis a las 2 ó 3 semanas después de un periodo similar o cuando se aplica la vacunación final contra el virus de la enfermedad de Carré y Hepatitis (14, 15, 25, 41). Otros proponen no vacunar a los cachorros hasta pasados los 4 meses de edad. Éstos plantean la inocuidad que presentan las vacunas contra la leptospirosis y que éstas sólo pueden ocasionar reacciones mínimas en los animales (25).
La vacunación con bacterinas puede estimular concentraciones significativas de aglutininas, pero sin exposición previa, los títulos de aglutinación por microscopía, disminuyen de 2 a 3 meses. Para reducir la posibilidad de exposición se aconseja a los dueños que controlen a los roedores y mantengan a los perros con correa. Durante la epidemia debe de recomendarse que el animal se mantenga dentro de la casa. Se dispone de Bacterinas bivalentes que deben administrarse cada 6 a 8 meses para mantener un título protector en perros a riesgos elevados, como son exhibiciones, uso de sementales o los perros de caza. Si la leptospirosis se diagnostica en una perrera debe considerarse el tratamiento y vacunación de todos los perros presentes en la misma. Los perros que entran en contacto con los animales salvajes deben recibir Bacterinas que contengan antígenos L. gripotyphosa y L. pomona.
Esta enfermedad ha sido señalada como un problema económico-social por diferentes investigadores en diversos países, haciéndose imprescindible extender la lucha sistemática contra ésta zoonosis. Las medidas de control deben dirigirse hacia las campañas de desratización y eliminación de los animales de vida libre que pueden ser posibles portadores y diseminadores de la enfermedad y la vacunación de los animales susceptibles. También debe tenerse en cuenta las infecciones propagadas por cerdos que son portadores sanos de la enfermedad. La vacunación reduce la incidencia y la severidad de la Leptospirosis pero no evita las infecciones subclínicas o eliminación en la orina (5).
Otras medidas que deben adoptarse son que los dueños deben evitar que el perro consuma o se bañe en aguas estancadas, que no salgan de forma descontrolada y un manejo cuidadoso del perro, evitando el contacto con la orina debido al carácter zoonótico de la enfermedad (5, 17, 29, 26, 29, 33, 44).
La Empresa productora y comercializadora de medicamentos veterinarios LABIOFAM, en Cuba, desarrolló una vacuna contra Leptospira interrogans serovares pomona, canicola, e icterohaemorragiae para perros con vistas a cubrir la campaña de vacunación en las clínicas de todos los municipios del país como parte del programa de control de enfermedades zoonóticas. Esta vacuna constituye a partir de su registro, tiene más de un 95 % de eficacia y es utilizada en la protección de la especie canina en el país. No obstante se debe tener en cuenta el control integral de la enfermedad ya que solo con vacunación no se resuelve el problema, es necesario mantener una higiene ambiental en las casas, mantener el control de los vectores en especial los roedores y reportar de inmediato al sistema nacional de salud cualquier caso en humano y mantener un control estricto de la salud de las mascotas así evitaremos que esta enfermedad constituya un verdadero problema de salud.
Situación en México:

Aislamientos recientes realizados en México
En el área metropolitana de la ciudad de México se han realizado varios aislamientos de caninos que han sido tipificados por medio de técnicas moleculares, algunos corresponden a la serovariedad Icterohaemorrhagiae y otros a la serovariedad Portland-vere que pertenece al serogupo Canicola. Las cepas Palo Alto (Icterohaemorrhagiae) y Lissa (Portland-vere) han sido empleadas como antígenos de diagnóstico y se ha identificado, en ambos casos, una serofrecuencia elevada en los canideos de esta región. Además, en repetidas ocasiones estas serovariedades se han logrado asilar de perros e inclusive de ratas, lo que podría indicar que son endémicas de esta metrópoli. Por otro lado, en el estado de Sinaloa también ha sido posible aislar la serovariedad Portland-vere a partir de un brote de “abortos” en cerdos con datos clínicos compatibles con leptospirosis y que se denominó cepa “Sinaloa ACR” . Con las cepas mencionadas, se pudo reproducir la enfermedad en diversas especies domésticas como: conejos, perros, ratones, hámsters y cobayos. Otros aislamientos de origen canino también han sido realizados en Yucatán, Veracruz y el Estado de México, sin que a la fecha, estos últimos, hayan sido tipificados con técnicas moleculares; aunque existen evidencias serológicas indicando que también se puede tratar de las serovariedades Icterohaemorrhagiae y Portland-vere.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Los estudios realizados sobre la leptospirosis canina se han limitado principalmente a estudios serológicos, debido a la dificultad que involucra el aislamiento.
Es necesario realizar aislamientos y tipificación de las cepas para conocer las
serovariedades presentes en una región o país e incluirlas en los ceparios de diagnóstico y de esta manera conocer la frecuencia y la distribución a nivel regional y nacional.
En la literatura consultada existe controversia sobre la signología clínica de la leptospirosis. En este trabajo se han plasmado las evidencias encontradas en los 20 aislamientos realizados en México complementadas con nuestras observaciones.
La fiebre es poco común, se menciona que se presenta en 11% (24,26), coincidiendo con lo observado por nosotros, siendo más frecuente una hipotermia progresiva durante el curso de la enfermedad y que se normaliza con el tratamiento, logrando que el pronóstico sea favorable. La hematuria es poco frecuente y puede ser resultado de hemorragias en las vías urinarias pero no de la hemólisis, es importante no confundirla con la hemoglobinuria presente en otras especies como bovinos, donde recibe el nombre la enfermedad de “aguas rojas”. En ninguno de los aislamientos efectuados
se observó tal manifestación clínica.
En relación a los trastornos reproductivos, son pocos los clínicos que recomiendan a los propietarios de hembras o sementales la realización de un panel de pruebas diagnósticas en el que se considere el diagnóstico de brucelosis y leptospirosis canina antes de realizar la cruza, por lo cual es necesario crear conciencia en los propietarios de las mascotas y en los médicos veterinarios de los beneficios de estos estudios para propósitos reproductivos.
Existe información, por lo menos en Estados Unidos de Norteamérica sobre un aumento significativo en la frecuencia serológica de leptospirosis canina en los últimos años y la aparición de serovariedades como Autumnalis, Grippotyphosa y Bratislava con frecuencias superiores a Canicola e Icterohaemorrhagiae .
Además, es necesario considerar a la leptospirosis canina como una enfermedad frecuente e importante, presente en muchas áreas urbanas, de difícil diagnóstico
y tratamiento, que en cualquier momento se puede llegar a manifestar clínicamente los perros, inclusive los vacunados; por lo cual se debe incluir en el diagnóstico clínico diferencial de enfermedades infecciosas y establecer criterios en su tratamiento,
manejo y control. Por último, en la práctica profesional es conveniente
informar a los propietarios de las mascotas sobre los riesgos del convivió diariamente con sus animales, las medidas de manejo e higiene; así como, los cuidados médicos veterinarios mínimos que deben tener con ellos permitiendo así y sólo así, de una
manera responsable, la convivencia entre los propietarios y el perro, que es el mejor amigo del hombre.

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